La violencia en línea contra las mujeres periodistas está en aumento y se intensifica por el racismo, la intolerancia religiosa y la homofobia, entre otras formas de discriminación, de acuerdo con una nueva investigación realizada por el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ) para la UNESCO.

Los ataques misóginos y difamatorios a menudo son desencadenados por figuras políticas, estimulados por el populismo y el extremismo, y habilitados por las principales redes sociales. La intensificación de los ataques entre quienes ya están sujetas a otras formas de discriminación es una de las ocho tendencias clave de violencia en línea identificadas por la investigación. Es la primera vez que estos factores asociados con la violencia de género en línea se analizan a escala mundial.

El estudio, titulado “The Chilling: Global trends in online violence against women journalists” [“Tendencias globales en la violencia en línea contra mujeres periodistas”], documenta de qué modo los ataques en línea disuaden a las periodistas de hacer su trabajo, las ponen en peligro y socavan el periodismo independiente. La directora global de investigación del ICFJ, Julie Posetti, dirigió un equipo internacional de investigadoras que incluyó a las coautoras del informe, Nabeelah Shabbir, Diana Maynard, Kalina Bontcheva y Nermine Aboulez. Encuestaron a más de 900 periodistas en 125 países y en cinco idiomas, además de entrevistar a más de 170 periodistas y expertos internacionales.

Entre los hallazgos, entre el 80% y el 90% de las periodistas negras, indígenas y judías encuestadas dijeron haber experimentado violencia en línea, en comparación con un 64% todavía alarmantemente alto de mujeres blancas.

La premiada corresponsal de la BBC, Rianna Croxford, relató la violencia racial de la que ha sido objeto: “No es la primera vez que alguien me llama por la palabra ‘N’. Y no será la última vez. Me han dicho ‘mono’ para burlarse de mi apariencia”.

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Si bien más del 70% de las mujeres heterosexuales dijeron haber sido atacadas en línea, la cifra aumenta al 88% y 85% para las mujeres que se identifican como lesbianas y bisexuales, respectivamente.

Cuando los ataques se extienden fuera de la computadora, continúan afectando a periodistas sujetas a otras formas de discriminación en tasas más altas. Más de la mitad de las mujeres árabes encuestadas dijeron haber experimentado ataques fuera de línea que creen que se originaron en línea, en comparación con el 11% de las mujeres blancas encuestadas y el 20% de las mujeres encuestadas en general.

“Cada vez que salía al aire recibía en mi correo electrónico de Al-Jazeera una amenaza de muerte”, dijo Ghada Oueiss, principal presentador árabe de Al Jazeera. “Uno que nunca olvidaré me amenazaba con un disparo en la cabeza mientras hablaba a la cámara”.

Casi una de cada cinco mujeres periodistas encuestadas dijo que se sentía físicamente insegura debido a la violencia en línea. Más de una de cada cuatro dijeron que la consecuencia más significativa era el daño a su salud mental.

En Estados Unidos, la corresponsal de The Grio en la Casa Blanca, April Ryan, dijo había gente que había ido hasta la Casa Blanca para insultarla. “Estoy en terapia y me dicen que tengo un trauma. Estoy fijándome todo el tiempo si me persiguen seguidores de Trump”, dijo. “¿Mi vida volverá a ser la misma? No”.

Cuando las periodistas informan sobre temas relacionados con el género en particular, como la violencia doméstica, los derechos reproductivos y cuestiones transgénero, los ataques aumentan significativamente. Más de un tercio de las encuestadas también señaló a figuras políticas como fuentes de la violencia que experimentaron.

La ex reportera del HuffPost UK, Nadine White, fue atacada después de que la Ministra de Igualdad del Reino Unido compartiera capturas de pantalla de sus correos electrónicos en Twitter y la llamara “espeluznante y bizarra”.

“Como periodista negra, entrar en esta industria dominada por blancos es abrumador en muchos niveles; levantarme por la mañana todos los días y hacer lo que hago es un desafío, no ya ser atacada por una ministra”.

A pesar de la gravedad del problema, las víctimas suelen elegir no denunciar los ataques a las plataformas sociales en los que proliferan. Si bien aproximadamente tres de cada cuatro mujeres periodistas dijeron que usan Facebook o Twitter en su trabajo, solo el 39% había denunciado violencia en Facebook y solo el 26% lo había hecho en Twitter. Esto probablemente sugiere una sensación de futilidad y renuencia a aumentar las denuncias de esa naturaleza, señalan las investigadoras.

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Cuando el abuso se denuncia en idiomas locales que no son masivos, la respuesta de las plataformas se vuelve aun más ineficaz, contó la periodista paquistaní Youssra Jabeen: “No tiene sentido que informemos nada porque sabemos que no se va a hacer nada. Operan en inglés; ¿cómo se reportan las amenazas en urdu?”

Las mujeres periodistas son incluso menos propensas a denunciar los ataques a su empleador (25%) o a la Policía (11%), según el estudio. De hecho, muchas de las entrevistadas se sintieron abandonadas por sus empleadores cuando experimentaron violencia en línea.

Varias mujeres contaron cómo cambiaron sus propios comportamientos, sus patrones de movimiento e incluso se reubicaron o escondieron como resultado del acoso en línea. Otras tomaron medidas para prevenir ataques físicos. Algunas han abandonado el periodismo por completo.

“Cuando voy y vuelvo del trabajo, soy yo la que tiene que ser muy consciente, la que ya no puede escuchar música o podcasts mientras camina”, dijo la periodista de la BBC Marianna Spring. “Soy yo quien tiene que perder ciertas libertades como consecuencia de que estas personas sean horribles”.

En Sri Lanka, la autora y ex periodista Sharmila Seyyid huyó a la India en medio de ataques gráficos por parte de fundamentalistas que anunciaron falsamente su muerte en redes sociales.

Las investigadoras instan a poner fin a la actual inacción, en momentos en que la violencia en línea crece, evoluciona con la tecnología y se intensifica a lo largo de diferentes puntos identitarios. “La impunidad envalentona a los perpetradores, desmoraliza a la víctima, erosiona los cimientos del periodismo y socava la libertad de expresión”, escriben las autoras.

El informe concluye con 28 recomendaciones para ayudar a organizaciones intergubernamentales, estados individuales, plataformas de Big Tech, medios de comunicación y más a mejorar e implementar medidas para combatir este tipo de violencia. También incluye dos estudios de caso que examinan los ataques en línea sufridos por la periodista filipino-estadounidense Maria Ressa y la periodista británica Carole Cadwalladr, y sus consecuencias.

Lee el informe aquí.